Cómo se prepara la alcachofa

Cuando compremos alcachofa, debemos poner atención a la condición de sus hojas, estas deben estar apretadas y brillantes. La terminación puntiaguda puede tener a veces una tonalidad negruzca (debido al intenso frío), pero si sus hojas están dispuestas en la condición recomendada, la planta se puede consumir sin problemas. Si acercamos la alcachofera al oído y al apretarla percibimos un leve crujido, es porque la verdura ha sido recién cosechada. Otra condición a tener en cuenta es la firmeza: sentir el ejemplar pesado respecto a su tamaño. Evitar ejemplares con hojas sueltas, que se desprendan con facilidad y sin vivacidad en el color.

La preparación de la alcachofa, en el arte culinario, ha pasado por múltiples ingenios. Para consumirla cruda, se seleccionan las más pequeñas, sobre todo para ensaladas y salteados (en delgadas láminas). Si se le prefiere cocinar, asegúrese de verter un poco de jugo de limón en la cocción para que le color de las hojas permanezcan, y perejil para evitar la oxidación. Las variaciones son cuantiosas: fritas, al horno, a la parrilla, guisadas…

Los corazones de la alcachofa son especialmente versátiles para relleno. Una receta sencilla consiste en poner a hervir las alcachofas (con las puntas cortadas) durante 20 minutos aproximadamente. Al caldo exprimirle el jugo de un limón para evitar que se decoloren. Extraer el corazón de cada una de ellas de modo que tengamos acondicionado un espacio para rellenar. Se prepara una base de cebolla y ajo sofritos en aceite de oliva. Una vez doradas, agregar la carne de su predilección, tomates picados en cuadraditos, un chorro de vino blanco y salpimentar al gusto. Cuando esté listo, rellenarlos dentro de las alcachofas, rociarlos con queso rallado y disponerlos sobre una bandeja para hornear. El horno debe proceder a fuego lento. Cuando estén doradas, ya estarán listas. Bon appetit.